Quizás estés valorando la posibilidad de ir a la consulta de una ginecóloga en Santander. Contar con una ginecóloga para valorar las pérdidas de orina y el estado del suelo pélvico puede ser el primer paso para comprender por qué aparecen estos síntomas y qué opciones existen para tratarlos. La incontinencia urinaria es un problema frecuente que puede presentarse en distintas etapas de la vida y que no debería asumirse como una consecuencia inevitable de la edad, los embarazos o los cambios hormonales. En Elite Medical Group, clínica ubicada en Torrelavega, se atiende a pacientes de toda Cantabria, especialmente de Santander, ofreciendo una valoración médica individualizada para estudiar los síntomas, identificar sus posibles causas y determinar el abordaje más adecuado en cada caso.
Las pérdidas de orina no deben normalizarse
Las pérdidas involuntarias de orina pueden afectar de manera considerable a la vida cotidiana, incluso cuando la cantidad de orina perdida es pequeña. Algunas mujeres notan escapes al toser, estornudar, reír, correr o realizar determinados esfuerzos físicos, mientras que otras sienten una necesidad repentina e intensa de orinar que resulta difícil de controlar. También pueden coexistir diferentes tipos de síntomas, por lo que no todas las pérdidas de orina tienen el mismo origen ni requieren el mismo tratamiento. A pesar de su frecuencia, muchas mujeres tardan en consultar porque consideran que se trata de algo normal después de un embarazo, del parto o con el paso de los años. Sin embargo, que un problema sea frecuente no significa que deba aceptarse sin valoración. La incontinencia urinaria puede estudiarse desde la ginecología y, según sus características, puede abordarse mediante medidas conservadoras, rehabilitación del suelo pélvico, tratamientos médicos o procedimientos específicos. El primer paso consiste en conocer qué ocurre y qué factores pueden estar participando.
La función del suelo pélvico está relacionada con el soporte de diferentes órganos de la pelvis y con mecanismos importantes para el control urinario y fecal. Este conjunto de músculos y tejidos también interviene en la función sexual y en la estabilidad de la zona pélvica. Cuando estos tejidos pierden fuerza, coordinación o capacidad de adaptación, pueden aparecer síntomas diversos. En algunas mujeres predomina la incontinencia urinaria de esfuerzo; en otras, la urgencia miccional o una combinación de ambos problemas. También pueden existir sensación de peso vaginal, molestias durante las relaciones sexuales o síntomas relacionados con determinados grados de descenso de los órganos pélvicos. No todos estos síntomas tienen necesariamente la misma causa, y por ello es importante evitar la idea de que cualquier problema del suelo pélvico se soluciona simplemente haciendo ejercicios. Los ejercicios pueden ser útiles en determinadas situaciones, pero deben indicarse y realizarse correctamente cuando forman parte del tratamiento.
Qué puede valorar una ginecóloga ante las pérdidas de orina
Una consulta ginecológica permite estudiar las características concretas de las pérdidas de orina y relacionarlas con otros síntomas que pueda presentar la paciente. Durante la entrevista médica resulta importante conocer cuándo aparecen los escapes, qué cantidad aproximada se pierde, si existe urgencia para acudir al baño, si las pérdidas ocurren durante el ejercicio y si existen cambios en la frecuencia de las micciones. También puede ser relevante saber si la paciente se despierta por la noche para orinar, si tiene molestias al orinar o si ha sufrido infecciones urinarias repetidas. Los antecedentes obstétricos, las cirugías previas, determinados tratamientos y los cambios hormonales también pueden aportar información útil. Esta conversación no es un trámite secundario, sino una parte fundamental de la valoración, porque la forma en que aparecen los síntomas ayuda a orientar el diagnóstico. En función de los hallazgos, el profesional puede determinar si es necesario realizar una exploración ginecológica específica u otras pruebas.
Nuestra ginecóloga en Santander puede valorar además si las pérdidas de orina están relacionadas con un problema predominantemente muscular, con cambios en las estructuras de soporte o con una alteración del funcionamiento de la vejiga. En ocasiones, los síntomas pueden tener más de un componente. Por ejemplo, una mujer puede presentar pérdidas al toser y, al mismo tiempo, experimentar urgencia miccional. Esta combinación requiere una valoración diferente de la que recibiría una paciente que únicamente tiene escapes durante el ejercicio. Del mismo modo, la presencia de sensación de presión vaginal o de un abultamiento puede hacer necesario estudiar si existe algún grado de prolapso. La finalidad de la consulta no consiste simplemente en poner una etiqueta al síntoma, sino en entender cómo se relacionan las distintas manifestaciones y establecer un plan razonable. Una historia clínica detallada permite evitar tratamientos genéricos y adaptar las recomendaciones a las necesidades reales de cada mujer.
Incontinencia urinaria de esfuerzo
La incontinencia urinaria de esfuerzo se caracteriza por la aparición de pérdidas cuando aumenta la presión dentro del abdomen y el mecanismo de continencia no consigue compensarla adecuadamente. Toser, estornudar, reír, saltar, correr o levantar peso son situaciones que pueden desencadenar escapes. Es especialmente frecuente que las mujeres identifiquen el problema después de embarazos y partos, aunque también puede aparecer por otros factores y no debe considerarse exclusivamente una consecuencia de la maternidad. El funcionamiento del suelo pélvico, la anatomía individual, los cambios de los tejidos y determinados antecedentes pueden influir en su aparición. La intensidad también es variable: algunas mujeres presentan pequeñas pérdidas ocasionales durante actividades deportivas, mientras que otras tienen escapes más frecuentes que condicionan su rutina. La valoración permite determinar la naturaleza del problema y decidir si el tratamiento inicial debe centrarse en medidas conservadoras, ejercicios específicos, fisioterapia especializada u otras opciones.
Uno de los aspectos más importantes es comprender que fortalecer el suelo pélvico no significa simplemente contraer los músculos de manera repetida. Para que los ejercicios sean eficaces deben realizarse con una técnica adecuada y, sobre todo, deben corresponder al problema que presenta la paciente. Algunas mujeres tienen dificultades para identificar correctamente la musculatura que deben activar y pueden compensar con otros grupos musculares. En otras situaciones puede existir un suelo pélvico excesivamente tenso, en el que aumentar las contracciones sin supervisión podría no ser la estrategia apropiada. Por este motivo, la evaluación individual tiene valor incluso cuando se plantea inicialmente un tratamiento conservador. El objetivo no es conseguir que la paciente haga el mayor número posible de contracciones, sino mejorar la función muscular y la coordinación cuando realmente existe una alteración susceptible de beneficiarse de este tipo de intervención.

Urgencia urinaria y otros tipos de incontinencia
No todas las pérdidas de orina relacionadas con el suelo pélvico son consecuencia de un esfuerzo físico. La incontinencia asociada a urgencia aparece cuando existe una necesidad repentina de orinar que puede resultar difícil de posponer y que puede terminar en un escape antes de llegar al baño. En estas situaciones, la paciente puede notar que necesita orinar con mucha frecuencia o que determinadas circunstancias, como escuchar agua o introducir la llave en casa, desencadenan una necesidad intensa. La valoración médica permite diferenciar estos síntomas de otras causas de aumento de la frecuencia urinaria. Además, pueden coexistir diferentes tipos de incontinencia. Una mujer puede perder orina al correr y, al mismo tiempo, presentar urgencia. Identificar correctamente el patrón de síntomas resulta esencial porque las estrategias terapéuticas no son necesariamente iguales. La información que aporta la paciente sobre sus hábitos miccionales y las situaciones en las que aparecen los escapes puede ser especialmente útil durante la consulta.
En algunos casos, los síntomas urinarios pueden estar relacionados con factores que no pertenecen exclusivamente al suelo pélvico. Las infecciones urinarias, determinados medicamentos, alteraciones metabólicas y otras condiciones pueden modificar la frecuencia o la urgencia para orinar. Por este motivo, no es recomendable asumir que cualquier cambio urinario se debe a debilidad de la musculatura pélvica. Una evaluación médica permite descartar o identificar otros factores que puedan estar interviniendo. Cuando existe dolor, sangre en la orina, fiebre, dificultad para vaciar la vejiga u otros síntomas que no corresponden a una incontinencia sencilla, la situación requiere una valoración clínica específica. La atención ginecológica puede formar parte del estudio, aunque en determinadas circunstancias puede ser necesario contar también con otros profesionales o realizar pruebas complementarias.
El suelo pélvico después del embarazo y el parto
El embarazo y el parto producen cambios importantes en la anatomía y en el funcionamiento del suelo pélvico. Durante la gestación, el aumento del peso del útero y los cambios hormonales afectan a los tejidos que sostienen las estructuras pélvicas. El parto vaginal puede añadir otros factores relacionados con la distensión de los músculos y tejidos de la zona. Esto no significa que todas las mujeres que han tenido hijos vayan a desarrollar incontinencia, pero sí explica por qué algunas pueden experimentar síntomas después del embarazo o del parto. La aparición de pérdidas no debería interpretarse como un daño irreversible ni como algo que necesariamente debe mantenerse durante el resto de la vida. Dependiendo de las características del problema, existen diferentes alternativas para mejorar la función del suelo pélvico. La valoración puede realizarse tanto cuando los síntomas aparecen de forma inmediata como cuando persisten meses o años después del nacimiento de los hijos.
Nuestra ginecóloga en Santander puede estudiar también los cambios ginecológicos que se producen después del parto y su posible relación con los síntomas actuales. Es importante conocer el número de embarazos y partos, el tipo de parto, la evolución posterior y si los escapes aparecieron antes o después de estos acontecimientos. Esta información ayuda a contextualizar el problema, aunque no determina por sí sola el diagnóstico. Una mujer que ha tenido varios partos puede presentar síntomas por razones diferentes a otra que haya tenido un único parto. También existen pacientes sin antecedentes obstétricos que desarrollan incontinencia o alteraciones del suelo pélvico. Por ello, el estudio debe partir de la situación actual y no de una explicación automática basada en los antecedentes. La atención individualizada permite comprender mejor qué factores pueden estar relacionados y qué medidas tienen más sentido para cada caso.
Cambios hormonales y suelo pélvico durante la menopausia
La transición hacia la menopausia y la disminución de los niveles de estrógenos pueden producir cambios en los tejidos genitales y urinarios. Algunas mujeres experimentan sequedad, molestias vaginales, cambios en la función sexual o síntomas urinarios durante esta etapa. Estos cambios pueden coexistir con problemas del suelo pélvico y hacer que la situación resulte más compleja. Sin embargo, no todos los síntomas tienen el mismo origen y requieren una valoración individual. La edad no debe utilizarse como única explicación para las pérdidas de orina. Una mujer en la menopausia puede presentar incontinencia de esfuerzo, urgencia urinaria, ambas formas u otro problema que precise un estudio diferente. La consulta ginecológica permite valorar el conjunto de síntomas y decidir qué medidas pueden ser apropiadas. Cuando existe atrofia genitourinaria, el profesional puede explicar las opciones disponibles según las características y antecedentes de la paciente, diferenciando estas medidas de aquellas destinadas específicamente a fortalecer o rehabilitar el suelo pélvico.
Durante la menopausia también puede cambiar la percepción que la mujer tiene de su propio cuerpo y de su salud íntima. Los escapes de orina pueden resultar especialmente incómodos cuando se suman a otros síntomas ginecológicos, pero es importante recordar que pedir ayuda médica no implica que exista un problema grave. Una consulta permite aclarar el origen de las molestias y conocer qué opciones existen. Algunas pacientes pueden beneficiarse de modificaciones de determinados hábitos, ejercicios supervisados o fisioterapia del suelo pélvico, mientras que otras necesitan un estudio más específico. La intervención debe adaptarse siempre a la situación clínica. El tratamiento de los síntomas urinarios no debe plantearse de forma aislada cuando existen otras manifestaciones ginecológicas, porque una valoración global puede aportar información relevante para decidir el enfoque más adecuado.
Cómo se estudia el suelo pélvico
La exploración del suelo pélvico puede formar parte de la valoración ginecológica cuando los síntomas lo justifican. El objetivo es conocer el estado de la musculatura, comprobar la capacidad de contracción y relajación y valorar la presencia de alteraciones anatómicas que puedan contribuir a los síntomas. La exploración también puede ayudar a identificar signos de descenso de los órganos pélvicos. La evaluación debe realizarse de forma respetuosa y explicando a la paciente qué se va a valorar en cada momento. No todas las mujeres necesitan las mismas pruebas y el estudio se adapta a los síntomas y a los antecedentes. En algunos casos puede ser útil registrar durante varios días la frecuencia de las micciones, la cantidad aproximada de líquido ingerido y los episodios de urgencia o incontinencia. Este tipo de información puede ayudar al profesional a comprender mejor el patrón de los síntomas y a valorar la evolución tras iniciar un tratamiento.
Nuestra ginecóloga en Santander puede determinar durante la consulta si existen indicios que aconsejen realizar pruebas adicionales. La necesidad de estudios complementarios depende de factores como el tipo de incontinencia, la intensidad de los síntomas, los antecedentes quirúrgicos, la respuesta a tratamientos anteriores y los hallazgos de la exploración. En determinados casos puede ser necesario estudiar el funcionamiento de la vejiga mediante pruebas específicas, mientras que en otros una historia clínica y una exploración adecuada pueden aportar información suficiente para iniciar un tratamiento conservador. La realización de pruebas no debe convertirse en un objetivo por sí mismo. Cada exploración tiene que responder a una pregunta clínica concreta y aportar información que pueda modificar la decisión terapéutica. Esta manera de trabajar evita pruebas innecesarias y permite que el proceso diagnóstico sea más comprensible para la paciente.
Ejercicios y fisioterapia del suelo pélvico
La rehabilitación del suelo pélvico puede desempeñar un papel importante en el tratamiento de determinadas formas de incontinencia urinaria. Los ejercicios dirigidos a la musculatura pélvica pueden ayudar a mejorar la fuerza y el control muscular cuando existe una debilidad o una alteración de la coordinación. La constancia suele ser un elemento relevante, porque los cambios funcionales requieren tiempo y práctica. Sin embargo, no todas las pacientes necesitan exactamente el mismo programa. La intensidad, la frecuencia y la forma de realizar los ejercicios deben adaptarse a la situación individual. En determinados casos, el trabajo puede centrarse no solo en fortalecer, sino también en aprender a relajar correctamente la musculatura y coordinarla con la respiración y con los esfuerzos cotidianos. Una fisioterapia especializada puede resultar útil para enseñar la técnica y corregir errores. El objetivo es que la paciente comprenda cómo funciona su suelo pélvico y pueda aplicar las estrategias recomendadas en su vida diaria.
También puede ser necesario modificar algunos hábitos relacionados con la función urinaria. Una ingesta excesiva o insuficiente de líquidos, determinados hábitos miccionales o el estreñimiento pueden influir en los síntomas en algunas personas. No obstante, las recomendaciones deben adaptarse a cada paciente y no consistir en restricciones generales aplicadas sin valoración. Reducir demasiado la ingesta de líquidos, por ejemplo, no constituye una solución universal para la incontinencia y puede resultar contraproducente en determinadas circunstancias. Del mismo modo, aguantar la orina durante periodos excesivamente prolongados no es una estrategia adecuada para todas las pacientes. La educación sobre hábitos miccionales debe formar parte de un planteamiento individualizado. Cuando se combina con ejercicios o fisioterapia, puede contribuir a que la paciente tenga un papel activo en el tratamiento y comprenda mejor cómo determinadas conductas pueden influir en sus síntomas.

Cuándo valorar otras alternativas terapéuticas
Cuando las medidas conservadoras no proporcionan una mejoría suficiente o cuando la gravedad del problema lo justifica, pueden estudiarse otras opciones. La elección depende del tipo de incontinencia, de la anatomía de la paciente, de sus antecedentes y de sus expectativas. En determinados casos existen tratamientos farmacológicos destinados principalmente a algunos tipos de síntomas urinarios, mientras que otras situaciones pueden requerir procedimientos específicos. La cirugía también puede ser una alternativa en pacientes seleccionadas con determinadas formas de incontinencia de esfuerzo, aunque su indicación debe realizarse después de una valoración completa. No existe un tratamiento universalmente mejor para todas las mujeres. Una intervención que puede ser apropiada para una paciente puede no estar indicada para otra. Por este motivo, antes de tomar una decisión es importante conocer el diagnóstico, las alternativas disponibles, sus posibles beneficios, sus riesgos y las circunstancias que pueden hacer que una opción sea más o menos adecuada.
La decisión terapéutica debe ser compartida con la paciente siempre que sea posible. Las pérdidas de orina pueden afectar a actividades deportivas, relaciones sociales, viajes, trabajo o vida sexual, y estos aspectos forman parte de la experiencia individual de la enfermedad. Conocer cuánto limita el problema a la paciente ayuda a establecer objetivos realistas. El tratamiento no debe plantearse únicamente para reducir el número de escapes, sino también para mejorar la calidad de vida cuando sea posible. Al mismo tiempo, es importante mantener expectativas razonables: ningún procedimiento puede garantizar que todos los síntomas desaparezcan en cualquier paciente. Una explicación detallada permite comprender qué mejoría puede esperarse y qué riesgos existen. La paciente puede así decidir con mayor conocimiento si prefiere continuar con medidas conservadoras, valorar una alternativa médica o estudiar un procedimiento específico.
Prolapso y sensación de peso en la pelvis
Los problemas del suelo pélvico no se limitan a la incontinencia urinaria. Algunas mujeres consultan por una sensación de peso, presión o abultamiento en la vagina, especialmente después de permanecer mucho tiempo de pie, realizar esfuerzos o al final del día. Estos síntomas pueden estar relacionados con un descenso de los órganos pélvicos, conocido como prolapso, aunque la presencia de molestias no permite establecer por sí sola el diagnóstico. Existen diferentes tipos y grados de prolapso, y su importancia depende tanto de la exploración como de los síntomas que produce. Algunas mujeres presentan cambios anatómicos sin molestias relevantes, mientras que otras experimentan una afectación clara de su vida cotidiana. La valoración ginecológica permite estudiar la situación y determinar si es necesario realizar alguna intervención. El tratamiento puede variar desde medidas conservadoras y fisioterapia hasta otras alternativas en casos seleccionados.
La relación entre prolapso e incontinencia puede ser compleja. Algunas mujeres pueden presentar ambos problemas y, en determinadas circunstancias, la modificación del soporte de los órganos pélvicos puede influir en los síntomas urinarios. Por ello, cuando una paciente consulta por pérdidas de orina y además describe sensación de presión o cambios en la zona vaginal, conviene realizar una valoración global. El objetivo es evitar tratar únicamente el síntoma más evidente sin tener en cuenta el resto de la anatomía pélvica. El grado de prolapso, la presencia de síntomas, el estado general de salud y las preferencias de la paciente intervienen en la decisión terapéutica. La evaluación individual permite establecer si es necesario tratar el prolapso, la incontinencia o ambos problemas, y qué opciones pueden resultar razonables en función de cada caso.
La importancia de consultar aunque las pérdidas sean leves
Es frecuente que las mujeres retrasen la consulta cuando las pérdidas de orina son pequeñas o aparecen solo durante determinadas actividades. Sin embargo, incluso los escapes leves pueden aportar información sobre el funcionamiento del suelo pélvico y pueden ser más fáciles de abordar cuando se identifican pronto. Una mujer que comienza a perder unas gotas al correr puede modificar su actividad deportiva por miedo a sufrir un escape mayor. Con el tiempo, esta situación puede llevarla a limitar ejercicios que forman parte de su bienestar. Consultar permite conocer qué está ocurriendo y qué medidas pueden ser apropiadas. No significa necesariamente que vaya a necesitar una intervención invasiva. En muchos casos, el tratamiento inicial puede centrarse en medidas conservadoras y educación sobre el suelo pélvico. Lo importante es no asumir que el problema carece de solución simplemente porque sea frecuente entre mujeres de una determinada edad o porque haya aparecido después de un embarazo.
Nuestra ginecóloga en Santander puede ayudar a establecer cuándo es suficiente con un seguimiento y cuándo conviene intervenir de manera más activa. La evolución de los síntomas, su frecuencia y el impacto que tienen en la vida diaria son factores relevantes. Una paciente con escapes ocasionales que no afectan a sus actividades puede requerir un planteamiento diferente al de otra que evita salir de casa por miedo a no encontrar un baño. La medicina debe adaptarse a la persona y no únicamente a una cifra o a una clasificación. Además, algunos síntomas que parecen relacionados con la incontinencia pueden tener otra causa, por lo que consultar ofrece la oportunidad de aclarar dudas y descartar problemas diferentes. La información adecuada puede reducir la preocupación y ayudar a la paciente a comprender mejor su salud ginecológica.
La valoración en Torrelavega para pacientes de Santander y Cantabria
Para las mujeres que buscan atención ginecológica especializada desde Santander o desde otras localidades de Cantabria, Elite Medical Group dispone de su clínica en Torrelavega. La ubicación del centro no limita la atención a las pacientes de la localidad, ya que la clínica se dirige a personas de toda Cantabria, especialmente a quienes proceden de Santander. Esta proximidad regional puede facilitar el acceso a una consulta destinada a estudiar problemas de pérdidas de orina, suelo pélvico y otros aspectos de la salud ginecológica. La primera valoración debe servir para escuchar los síntomas, revisar los antecedentes y establecer qué tipo de estudio resulta necesario. No todas las pacientes necesitan el mismo recorrido asistencial y la atención debe ajustarse a las características de cada situación. La posibilidad de consultar en un entorno médico especializado permite abordar estas cuestiones con la privacidad y el rigor que requieren.
La atención del suelo pélvico debe entenderse como un proceso que puede requerir seguimiento. Los síntomas pueden cambiar con el tiempo y la respuesta a las medidas iniciales puede orientar las decisiones posteriores. Por eso, una primera consulta no siempre tiene como finalidad resolver inmediatamente el problema, sino establecer un diagnóstico adecuado y un plan de actuación. En función de cada caso, puede recomendarse continuar con ejercicios, realizar fisioterapia especializada, introducir cambios en determinados hábitos, solicitar pruebas adicionales o valorar otras alternativas. La evolución debe revisarse de acuerdo con las necesidades de la paciente. Este enfoque permite evitar tanto la falta de atención de problemas que afectan a la calidad de vida como la aplicación de tratamientos innecesarios.
Una atención ginecológica centrada en cada mujer
Hablar de pérdidas de orina puede resultar incómodo para algunas pacientes, especialmente cuando han convivido durante años con el problema. Sin embargo, explicar con claridad qué ocurre es fundamental para poder realizar una valoración adecuada. La consulta debe ofrecer un espacio en el que la mujer pueda describir sus síntomas sin sentirse juzgada y pueda plantear dudas sobre aspectos íntimos que afectan a su vida diaria. El profesional necesita información precisa para diferenciar los distintos tipos de incontinencia y detectar otros problemas que puedan coexistir. La comunicación es, por tanto, una parte esencial del proceso médico. Preguntas aparentemente sencillas sobre cuándo aparecen los escapes, con qué frecuencia ocurren o cuánto limitan las actividades habituales pueden aportar información relevante para orientar el diagnóstico y el tratamiento.
Las mujeres no deberían asumir que las pérdidas de orina son un precio inevitable de haber sido madres, de cumplir años o de llegar a la menopausia. Aunque determinados factores pueden aumentar el riesgo de desarrollar problemas del suelo pélvico, existen diferentes formas de evaluación y tratamiento. La medicina actual permite estudiar estos síntomas con mayor precisión y adaptar las intervenciones a las necesidades individuales. Esto no significa que todos los casos puedan resolverse completamente ni que exista una técnica adecuada para cualquier paciente, pero sí que merece la pena consultar cuando las pérdidas afectan a la comodidad, la actividad física, la vida social o la confianza personal. La valoración profesional permite conocer las alternativas reales y evitar recomendaciones generales que pueden no ser apropiadas para una situación concreta.

Cuándo pedir una valoración médica
Una consulta ginecológica puede estar indicada cuando aparecen pérdidas de orina repetidas, cuando los escapes obligan a utilizar protección, cuando se producen durante el ejercicio o cuando existe una necesidad urgente y frecuente de acudir al baño. También conviene consultar si aparecen sensación de peso vaginal, cambios en la anatomía de la zona, molestias sexuales o síntomas urinarios que persisten. La presencia de dolor, sangre en la orina, fiebre, dificultad importante para orinar u otros signos que no sean propios de una incontinencia habitual requiere una valoración médica específica. No es necesario esperar a que el problema sea intenso para pedir ayuda. Una evaluación temprana puede aclarar la situación y permitir comenzar con medidas conservadoras cuando estén indicadas. Cada paciente debe recibir recomendaciones adaptadas a sus circunstancias, antecedentes y características del suelo pélvico.
La atención de una ginecóloga en Santander o de un equipo ginecológico accesible desde Santander y el resto de Cantabria puede ser un recurso adecuado para iniciar este estudio. En Elite Medical Group, desde su clínica de Torrelavega, se ofrece atención a mujeres de toda la comunidad, con especial orientación hacia pacientes procedentes de Santander. El objetivo de la consulta es conocer cada caso, explicar las posibilidades diagnósticas y terapéuticas y ayudar a la paciente a tomar decisiones informadas sobre su salud. Las pérdidas de orina y los problemas del suelo pélvico son cuestiones médicas que pueden abordarse con diferentes estrategias según su causa y gravedad. Consultar permite dejar atrás la idea de que estos síntomas deben aceptarse sin más y sustituirla por una valoración individual que determine qué opciones pueden ser realmente útiles.


