Quizá quieras hacerte una operación de cirugía facial en Santander. La cirugía facial puede ser una opción para personas que desean corregir determinados cambios en la estructura o en el aspecto del rostro y buscan conocer si realmente existe una indicación adecuada para una intervención. Elite Medical Group está ubicada en Torrelavega, pero dirige su atención a pacientes de toda Cantabria, especialmente a quienes proceden de Santander. Ser buen candidato para una cirugía facial no depende únicamente de la edad ni del deseo de modificar una característica concreta. Es necesario valorar el estado de salud, las características anatómicas, la calidad de los tejidos, las expectativas y el tipo de cambio que se pretende conseguir. Una valoración médica individualizada permite determinar si la cirugía puede aportar una mejoría razonable y qué procedimiento se ajusta mejor a las necesidades de cada persona.
Qué significa ser un buen candidato para una cirugía facial en Santander
Ser un buen candidato para una intervención facial no significa cumplir una lista rígida de requisitos ni alcanzar una determinada edad. La indicación depende de la relación entre el problema que se desea corregir, las características físicas de la persona y las posibilidades reales de la técnica propuesta. Una persona puede presentar signos visibles de envejecimiento y no necesitar una intervención quirúrgica si sus expectativas pueden alcanzarse mediante otros tratamientos. Del mismo modo, alguien relativamente joven puede presentar una característica anatómica que sí pueda beneficiarse de una cirugía. La valoración debe estudiar cada caso de forma individual y establecer si existe un objetivo concreto que pueda abordarse quirúrgicamente. También debe comprobarse que la persona comprende el procedimiento, su recuperación, sus limitaciones y los posibles riesgos. La decisión responsable surge de esta combinación de factores, no de la comparación con otras personas.
La cirugía facial engloba procedimientos diferentes que pueden actuar sobre distintas zonas y estructuras. No es lo mismo intervenir sobre los párpados que modificar el contorno de la nariz, corregir determinadas características de las orejas o tratar cambios relacionados con la flacidez de la cara y el cuello. Cada procedimiento tiene indicaciones específicas y requiere una valoración particular. Por este motivo, no existe un perfil único de paciente que pueda considerarse candidato a toda cirugía facial. La consulta debe comenzar por identificar qué preocupa realmente a la persona y qué elemento anatómico está relacionado con esa preocupación. A partir de ahí puede estudiarse si una intervención tiene sentido. Este planteamiento ayuda a evitar procedimientos innecesarios y permite explicar de forma clara qué resultados pueden esperarse antes de tomar una decisión.
La importancia de tener un objetivo concreto
Uno de los primeros aspectos que debe analizarse es qué desea cambiar el paciente. Una preocupación como “tener una cara cansada” puede estar relacionada con factores muy distintos, como la caída de los tejidos, el exceso de piel, la pérdida de volumen, determinadas características de los párpados o la posición de las cejas. También puede existir una percepción subjetiva que no corresponda a una alteración que pueda corregirse mediante cirugía. Convertir esa preocupación general en un objetivo concreto permite valorar mejor las alternativas. La consulta debe servir para traducir la percepción del paciente a una cuestión anatómica que pueda estudiarse. Solo después puede determinarse si existe una técnica quirúrgica adecuada o si otra opción resulta más razonable. La claridad del objetivo es importante porque una intervención puede corregir determinadas estructuras, pero no puede responder a expectativas indefinidas.
También es importante diferenciar entre querer mejorar una característica y querer transformar por completo el rostro. La cirugía facial puede modificar determinados rasgos, pero el objetivo habitual debe ser mantener la armonía con el conjunto de las facciones. Las proporciones, la expresión y las características individuales deben formar parte de la planificación. Un resultado que no tenga en cuenta estos elementos puede alejarse de lo que realmente buscaba el paciente. Por ello, durante la valoración conviene hablar de qué se desea conservar además de qué se quiere modificar. Esta conversación permite establecer objetivos más realistas y ayuda a comprender que una intervención no debe perseguir necesariamente un rostro diferente, sino una modificación concreta y proporcionada. La naturalidad y la coherencia con las características individuales son factores especialmente relevantes cuando se plantea una intervención estética.
La edad no determina por sí sola la indicación de cirugía facial en Santander
La edad suele aparecer como una de las primeras dudas cuando una persona se plantea una intervención facial, pero no debería ser el único criterio para decidir. El envejecimiento facial no se produce al mismo ritmo en todas las personas. La genética, la exposición solar acumulada, los hábitos de vida, las características de la piel y la anatomía individual influyen en cómo evoluciona el rostro. Por este motivo, dos personas de la misma edad pueden presentar necesidades completamente diferentes. Una puede tener una buena calidad cutánea y apenas mostrar signos que justifiquen una intervención, mientras que otra puede presentar cambios más marcados en determinadas zonas. La valoración debe centrarse en estos factores y no simplemente en la fecha de nacimiento. Una intervención puede estar indicada cuando existe un problema concreto y unas condiciones adecuadas, independientemente de que la persona se encuentre en una franja de edad determinada.
En personas jóvenes, además, algunas intervenciones pueden plantearse por motivos diferentes al envejecimiento. Existen características anatómicas que pueden ser percibidas como poco armónicas desde etapas tempranas y que pueden ser susceptibles de corrección quirúrgica. En estos casos, el objetivo no consiste en rejuvenecer el rostro, sino en modificar un rasgo concreto. En personas de mayor edad, por el contrario, la consulta puede estar relacionada con cambios de volumen, flacidez, exceso de piel o modificaciones en determinadas estructuras. Cada situación requiere una estrategia diferente. Por eso, una valoración adecuada debe evitar generalizaciones basadas en la edad y estudiar qué está ocurriendo realmente en el rostro. El criterio médico debe prevalecer sobre cualquier expectativa relacionada con una edad “ideal” para operarse.

Qué papel tiene el estado de salud
El estado general de salud es uno de los elementos fundamentales para determinar si una persona puede someterse a una intervención. Antes de una cirugía deben revisarse los antecedentes médicos, las enfermedades existentes, los tratamientos habituales y cualquier circunstancia que pueda influir en el procedimiento o en la recuperación. También es importante informar sobre intervenciones previas, alergias y medicamentos. Algunos tratamientos pueden afectar a la coagulación o requerir ajustes específicos antes de una cirugía, mientras que determinadas enfermedades pueden modificar el riesgo anestésico o quirúrgico. La valoración previa permite identificar estas circunstancias y establecer las medidas necesarias. No se trata únicamente de comprobar si una persona “está sana”, sino de analizar de forma detallada aquellos factores que pueden influir en la seguridad de la intervención.
Una persona con una enfermedad crónica no queda automáticamente excluida de una cirugía facial. La posibilidad de intervenir depende de cuál sea la enfermedad, de su grado de control y de las características del procedimiento. En algunos casos puede ser necesario coordinar la valoración con otros profesionales sanitarios o realizar pruebas adicionales antes de programar la intervención. La información que aporta el paciente debe ser completa y precisa, incluso cuando considere que un antecedente médico no está relacionado con la cirugía. Esta información permite adoptar decisiones más seguras. Del mismo modo, si existen cambios recientes en el estado de salud, deben comunicarse antes de la intervención. La seguridad debe tener prioridad sobre cualquier calendario previsto para la cirugía.
La calidad de la piel y de los tejidos también importa
La calidad de la piel es especialmente relevante en muchas intervenciones faciales. La elasticidad, el grosor y la capacidad de recuperación de los tejidos pueden influir en la planificación y en la evolución posterior. Una piel con determinadas características puede responder de forma diferente a una técnica que otra piel más fina o menos elástica. Esto no significa que una persona con peor calidad cutánea no pueda ser candidata a una intervención, sino que puede ser necesario ajustar las expectativas y el planteamiento. La cirugía actúa sobre estructuras concretas, pero no convierte una piel con determinadas características en otra completamente diferente. Por eso, la valoración debe contemplar tanto el problema que se desea corregir como las condiciones de los tejidos sobre los que se va a trabajar.
La exposición solar acumulada también puede influir en la apariencia de la piel y en sus características. Las arrugas finas, las alteraciones de pigmentación y la pérdida de elasticidad no tienen necesariamente una solución quirúrgica. Una persona puede mejorar determinados aspectos relacionados con la posición o el exceso de tejidos mediante cirugía y, al mismo tiempo, mantener signos superficiales de fotoenvejecimiento. Explicar esta diferencia antes de una intervención es esencial para evitar expectativas poco realistas. La cirugía facial no debe presentarse como un tratamiento capaz de solucionar todas las manifestaciones del envejecimiento. Cuando existen varios factores, puede ser necesario valorar distintas estrategias, cada una dirigida a un aspecto concreto.
Expectativas realistas: uno de los criterios más importantes
La cirugía facial en Santander debe plantearse con expectativas realistas y con una comprensión clara de lo que puede conseguirse. El paciente debe conocer qué cambios puede producir el procedimiento, qué aspectos pueden permanecer y qué limitaciones existen. Ninguna intervención garantiza que el rostro adquiera exactamente la apariencia imaginada por la persona, y las fotografías de otras personas no constituyen una referencia suficiente para predecir un resultado individual. La anatomía, la edad, la piel y la forma de cicatrizar son diferentes en cada caso. Una buena valoración permite explicar estas diferencias y establecer un objetivo alcanzable. También debe contemplarse que el resultado puede evolucionar durante la recuperación y que la percepción inicial no necesariamente coincide con el resultado definitivo.
Las expectativas poco realistas pueden ser una señal de que conviene detenerse antes de programar una intervención. Si una persona espera una transformación completa, considera que la cirugía puede solucionar aspectos que no pertenecen a la zona tratada o cree que el resultado será idéntico al de otra persona, es necesario revisar cuidadosamente esos objetivos. La cirugía estética no debería utilizarse para perseguir una perfección imposible. El propósito debe ser corregir una característica concreta y mejorar la armonía o proporción dentro de las posibilidades de la técnica. La comunicación entre paciente y profesional tiene un papel esencial para establecer este marco. Una decisión responsable requiere que ambas partes compartan una comprensión similar de lo que se pretende conseguir.
La estabilidad emocional también forma parte de la valoración
Antes de una intervención estética es importante que la decisión proceda de una motivación propia y estable. Someterse a una cirugía para responder a una presión externa, a una situación personal reciente o a la expectativa de que el cambio físico resolverá problemas emocionales puede no ser una buena base para tomar una decisión. La cirugía puede modificar determinados aspectos de la apariencia, pero no puede garantizar cambios en las relaciones personales, la autoestima o la satisfacción vital. Por este motivo, durante la consulta debe existir espacio para hablar de las razones que llevan al paciente a considerar el procedimiento. Una motivación clara y meditada suele facilitar una relación más realista con el resultado. Si existen dudas importantes o una expectativa de transformación personal más allá del aspecto físico, puede ser recomendable posponer la decisión y reflexionar antes de intervenir.
También es importante valorar si existe una preocupación excesiva y persistente por un defecto que otras personas apenas perciben. Cuando la insatisfacción con la apariencia ocupa una parte muy importante de la vida cotidiana, la cirugía puede no resolver el malestar de fondo. En estas circunstancias, una valoración profesional cuidadosa puede ayudar a determinar si la intervención es realmente apropiada. La decisión de no operar también forma parte de una práctica médica responsable. El objetivo no debe ser realizar una cirugía porque el paciente la solicita, sino determinar si existe una indicación adecuada y si las expectativas son compatibles con las posibilidades del procedimiento. La seguridad y el bienestar del paciente deben estar por encima de cualquier consideración estética inmediata.

Qué procedimientos pueden formar parte de la cirugía facial en Santander
El concepto de cirugía facial engloba procedimientos muy diferentes. Algunas intervenciones se centran en los párpados y buscan corregir exceso de piel o bolsas, mientras que otras actúan sobre la nariz, las orejas, el contorno facial o los signos de flacidez. También existen procedimientos dirigidos a zonas concretas del rostro cuya indicación depende de las características anatómicas del paciente. Por ello, no es posible determinar si alguien es buen candidato sin conocer qué intervención concreta está considerando. El estudio de la cara debe adaptarse al procedimiento. Una valoración para una cirugía de párpados no tiene exactamente los mismos criterios que una valoración para una intervención destinada a modificar el contorno mandibular o la nariz. La individualización es fundamental.
En algunos casos, la preocupación del paciente puede abordarse con un procedimiento menos extenso que el inicialmente imaginado. Por ejemplo, una persona que percibe una apariencia cansada puede pensar en una cirugía facial amplia cuando el problema principal se encuentra localizado en los párpados. En otras ocasiones ocurre lo contrario: un tratamiento localizado puede ser insuficiente porque existen varios factores relacionados con el aspecto general del rostro. La exploración permite establecer el alcance real del problema y evitar tanto una intervención excesiva como una corrección insuficiente. La elección de la técnica debe responder a la anatomía y al objetivo, no a una denominación comercial o a la tendencia de un determinado procedimiento.
Cuándo puede ser preferible un tratamiento no quirúrgico
No todas las preocupaciones estéticas necesitan una intervención. En determinadas personas, los cambios son leves y pueden abordarse mediante procedimientos no quirúrgicos o medidas destinadas a mejorar la calidad de la piel. Esto puede ser especialmente relevante cuando el problema principal está relacionado con pequeñas líneas de expresión, textura cutánea o determinados signos iniciales del envejecimiento. Elegir una opción menos invasiva cuando resulta suficiente no significa que la cirugía sea una mala alternativa, sino que la indicación debe ser proporcional al problema. La valoración profesional debe comparar las posibilidades de cada opción y explicar qué grado de mejoría puede esperarse. Si una técnica no quirúrgica puede alcanzar razonablemente el objetivo, puede tener sentido considerarla antes de una intervención.
También puede ocurrir que un tratamiento no quirúrgico aporte una mejoría parcial pero no consiga corregir una alteración estructural. La presencia de un exceso de piel, una prominencia de tejido o determinados cambios en la posición de una estructura puede superar las posibilidades de los tratamientos realizados sin cirugía. En estas circunstancias, una valoración específica permite decidir si existe una indicación quirúrgica. No debe plantearse la cirugía simplemente porque otros tratamientos hayan sido utilizados, sino porque el problema que persiste requiere una actuación diferente. Esta distinción es importante para evitar la acumulación de procedimientos y para conseguir que cada tratamiento se utilice cuando realmente puede aportar un beneficio razonable.
La consulta previa: qué se debe valorar
Una consulta preoperatoria completa comienza con una conversación detallada sobre las características que preocupan al paciente. Es útil explicar cuándo comenzó el cambio, si ha evolucionado con el tiempo y si existen fotografías anteriores que ayuden a comprender esa evolución. También deben revisarse los antecedentes médicos, las intervenciones previas, los medicamentos y las alergias. La exploración física permite analizar las estructuras relevantes y establecer si el problema corresponde realmente a la zona que el paciente identifica. En determinados procedimientos pueden ser necesarias pruebas adicionales. Toda esta información se utiliza para valorar la indicación y planificar el tratamiento. La consulta también es el momento adecuado para resolver dudas sobre el procedimiento, la anestesia, la recuperación y los cuidados posteriores.
Durante esta valoración debe existir una comunicación clara sobre las limitaciones de la cirugía. Explicar qué no puede conseguirse es tan importante como describir los posibles beneficios. El paciente debe comprender que el resultado depende de factores individuales y que pueden existir asimetrías naturales o características que no sea posible eliminar por completo. También debe conocer que las cicatrices, aunque puedan quedar poco visibles en muchos procedimientos, forman parte de cualquier intervención que implique incisiones. La información sobre riesgos y posibles complicaciones debe proporcionarse antes de tomar la decisión. Una persona bien informada puede valorar con mayor criterio si las ventajas potenciales justifican el proceso quirúrgico y la recuperación.
La preparación antes de una intervención
Una vez determinada la indicación, la preparación puede incluir diferentes recomendaciones según el procedimiento y el estado de salud del paciente. Es importante seguir las instrucciones médicas relacionadas con medicación, alimentación, tabaco, cuidados de la piel y otros aspectos que puedan influir en la cirugía o en la recuperación. No debe suspenderse ningún medicamento por iniciativa propia. Si existe un tratamiento habitual que puede afectar a la coagulación o a otros aspectos del procedimiento, el profesional indicará qué hacer. La preparación también incluye organizar el periodo posterior, especialmente si durante los primeros días puede ser necesario limitar determinadas actividades. Tener previsto el apoyo necesario y disponer de tiempo suficiente para la recuperación ayuda a afrontar el proceso de forma más cómoda.
El tabaco merece una consideración especial en el contexto quirúrgico porque puede afectar a la cicatrización y aumentar determinados riesgos. Por este motivo, el equipo médico puede recomendar dejar de fumar antes de una intervención y mantener esta medida durante el periodo indicado. También conviene comunicar cualquier cambio de salud que aparezca antes de la cirugía, incluso si parece leve. Una infección, una lesión o una alteración médica reciente pueden hacer necesario revisar la fecha prevista. La planificación quirúrgica debe ser flexible cuando la seguridad lo requiere. El objetivo no es mantener una fecha a cualquier precio, sino realizar la intervención en las mejores condiciones posibles.

La recuperación debe formar parte de la decisión
La recuperación es un aspecto que debe considerarse antes de decidirse por una cirugía. Según el procedimiento, pueden aparecer inflamación, hematomas, molestias, tirantez o cambios temporales en la sensibilidad. La intensidad y duración varían entre personas y dependen de la intervención realizada. El equipo médico proporciona indicaciones específicas sobre cuidados, medicación, higiene, actividad física y revisiones. Es importante seguir estas recomendaciones y consultar ante cualquier síntoma que genere dudas. La recuperación no debe compararse con la de otra persona, porque la evolución individual puede ser diferente. Tener una expectativa realista sobre el periodo posterior ayuda a planificar el trabajo, los compromisos personales y el tiempo necesario para volver progresivamente a las actividades habituales.
El resultado tampoco debe valorarse demasiado pronto. La inflamación y otros cambios propios del postoperatorio pueden modificar temporalmente la apariencia de la zona intervenida. Algunas estructuras necesitan tiempo para asentarse y los tejidos pueden evolucionar durante semanas o meses, dependiendo de la cirugía. Por este motivo, las revisiones programadas tienen una función importante. Permiten comprobar la evolución y detectar cualquier circunstancia que requiera atención. El paciente debe conocer desde el principio que la recuperación forma parte del tratamiento y que la paciencia es necesaria para valorar adecuadamente el resultado. Una intervención bien realizada no elimina la necesidad de respetar los tiempos naturales de cicatrización.
La importancia de elegir un centro adecuado
La elección del centro y del profesional es otro elemento esencial cuando se considera una intervención facial. La cirugía debe realizarse en condiciones adecuadas de seguridad y con profesionales cualificados para el procedimiento correspondiente. Durante la consulta, el paciente debe poder recibir información comprensible sobre quién realizará la intervención, cómo se organizará el proceso y qué seguimiento se ofrece. La confianza no debería basarse únicamente en imágenes de resultados, sino también en la calidad de la valoración médica, la transparencia de la información y la posibilidad de plantear dudas antes de tomar una decisión. La cirugía estética sigue siendo cirugía, por lo que debe abordarse con el mismo rigor que cualquier otro procedimiento quirúrgico.
Para quienes buscan cirugía facial en Cantabria, Elite Medical Group se encuentra en Torrelavega y dirige sus servicios a pacientes de diferentes puntos de la comunidad, especialmente de Santander. Esta ubicación permite atender a personas que se desplazan desde la capital cántabra y otras localidades para realizar una valoración. En una primera consulta, el objetivo debe ser conocer las necesidades del paciente, analizar sus características anatómicas y determinar si existe una indicación adecuada. La proximidad puede facilitar el acceso, pero la decisión debe apoyarse principalmente en la valoración médica, la seguridad y la información recibida. Una intervención facial requiere planificación y seguimiento, por lo que también es importante considerar la posibilidad de acudir a las revisiones indicadas.
Qué preguntas conviene plantearse antes de decidir
Antes de programar una intervención puede ser útil reflexionar sobre qué aspecto concreto se desea modificar y por qué ese cambio resulta importante. También conviene preguntarse si la preocupación se mantiene estable desde hace tiempo o si ha aparecido recientemente. La motivación debería proceder principalmente del propio paciente y no de comentarios de terceros o de una presión social. Otro aspecto relevante es comprender si se está dispuesto a asumir el periodo de recuperación y las posibles limitaciones temporales. La cirugía puede ofrecer una solución para determinadas características, pero implica un proceso que debe aceptarse en su conjunto. Estas preguntas ayudan a diferenciar un deseo meditado de una decisión impulsiva y pueden facilitar una conversación más útil durante la consulta.
También es recomendable preguntarse qué resultado sería considerado satisfactorio y qué elementos del rostro se desean conservar. Una expectativa demasiado amplia puede dificultar la evaluación de la indicación. En cambio, un objetivo concreto facilita que el profesional explique qué puede conseguirse. Debe existir también disposición para aceptar que el resultado puede no ser idéntico a una imagen de referencia. Cada rostro presenta proporciones, tejidos y características propias. El objetivo de una cirugía bien planificada es trabajar con esa anatomía, no sustituirla por otra. Comprender este principio antes de la intervención reduce el riesgo de decepción y favorece una decisión basada en expectativas realistas.
Cuándo puede ser conveniente posponer la cirugía
Existen situaciones en las que posponer una intervención puede ser la decisión más adecuada. Si el estado de salud no está suficientemente controlado, puede ser necesario esperar hasta que las condiciones sean más favorables. También puede ser recomendable aplazar la cirugía si el paciente tiene dudas importantes, no comprende todavía las características del procedimiento o mantiene expectativas que no pueden alcanzarse. Una intervención estética no debe realizarse con prisa. Disponer de tiempo para resolver preguntas, valorar alternativas y reflexionar sobre la decisión forma parte de un proceso responsable. El hecho de que exista una característica susceptible de corrección no significa que deba operarse inmediatamente.
Las circunstancias personales también pueden influir. Si la recuperación va a coincidir con un periodo de elevada exigencia laboral, un acontecimiento importante o una situación familiar que dificulte los cuidados posteriores, puede ser más conveniente elegir otro momento. La cirugía debe integrarse de manera razonable en la vida de la persona. Además, si se están produciendo cambios físicos importantes, puede resultar útil esperar a que la situación sea más estable antes de intervenir. La planificación debe contemplar tanto la indicación médica como las condiciones reales en las que se desarrollará el proceso. Tomarse tiempo para decidir no reduce las posibilidades de éxito; en muchos casos, permite tomar una decisión más informada.
Cirugía facial en Santander: una decisión que debe ser personalizada
La cirugía facial en Santander puede ser una alternativa adecuada cuando existe una característica concreta susceptible de corrección, el estado de salud permite realizar el procedimiento y las expectativas son realistas. Ser buen candidato no depende de buscar una apariencia determinada ni de cumplir una edad concreta. Depende de que exista una relación razonable entre el problema, la técnica propuesta y el resultado que puede alcanzarse. La valoración médica permite analizar estos factores y determinar si la cirugía es realmente la mejor opción. En algunos casos, la respuesta puede ser afirmativa; en otros, puede ser preferible un tratamiento no quirúrgico, esperar a que cambien determinadas circunstancias o simplemente no intervenir. La decisión de no operar cuando no existe una indicación adecuada forma parte también de una atención médica responsable.
La individualización adquiere especial importancia en el rostro porque pequeñas diferencias anatómicas pueden modificar de manera significativa el planteamiento de una intervención. La piel, la distribución de los tejidos, la estructura ósea, la musculatura y las proporciones faciales deben estudiarse en conjunto. La cirugía no debería aplicarse siguiendo un patrón idéntico para todas las personas. La planificación debe adaptarse a las características del paciente y al objetivo que se pretende conseguir. De esta manera, la intervención puede orientarse hacia una modificación concreta sin perder de vista la armonía del conjunto facial. La información previa, la exploración y la comunicación sobre expectativas son tan importantes como la técnica utilizada.

Una valoración profesional ayuda a decidir con seguridad
Cuando existe interés por modificar una característica facial, la primera decisión no tiene por qué ser elegir una intervención, sino solicitar una valoración. Esta consulta permite determinar qué está provocando el aspecto que preocupa, conocer las opciones disponibles y comprender las limitaciones de cada una. También permite identificar factores de salud que pueden influir en la seguridad y establecer si es necesario realizar estudios adicionales. Una buena valoración no busca convencer al paciente de que se opere, sino aportar la información necesaria para decidir. La cirugía puede ser una herramienta útil cuando existe una indicación clara, pero debe utilizarse de forma proporcionada y después de analizar cuidadosamente sus beneficios potenciales y sus riesgos.
Para quienes valoran una intervención y buscan atención de cirugía facial en Cantabria, la clínica Elite Medical Group está ubicada en Torrelavega y se dirige a pacientes de toda la comunidad, especialmente de Santander. Una consulta puede ayudar a determinar si las características individuales y los objetivos planteados son compatibles con una intervención y qué alternativas pueden existir. El proceso debe comenzar siempre por una evaluación médica, continuar con una explicación detallada del procedimiento y finalizar con una decisión libre e informada. Ser buen candidato no consiste simplemente en desear un cambio estético, sino en encontrarse en unas condiciones adecuadas para realizarlo, comprender lo que puede conseguirse y aceptar de forma consciente el proceso quirúrgico y de recuperación.


